Que diuen de nosaltres

Vaya joyita escondida encima de un local de perritos calientes y cervezas llamado Otto Sylt. Tuve la ocasión de conocerlo gracias a un evento de Yelp, y me gustó muchísimo. Nada más subir las escaleras de acceso te encuentras con una sala con luz muy tenue, con una mesa sobre la que tienen un candelabro que le da un ambiente muy de clandestinidad (de ahí el nombre), y desde aquí puedes pasar a la sala principal, con varias mesitas, sillas y sillones de distintos tipos y con luz también tenue para relajarte copa en mano o disfrutar de un ambiente romanticón. También puedes asomarte a uno de sus dos balconcitos para tomar el aire o cotillear qué se cuece en la calle. Pero lo más importante de la sala son las dos máquinas con varias botellas de vino, sobre todo tinto, pero también blanco y rosado, con copas para que tú mismo puedas servirte.

El sistema es el siguiente. Disponen de unas tarjetas con un chip, las cuales puedes recargar con el importe que quieras. Una vez tienes tu tarjeta recargada, la introduces en una de las dos máquinas, la que tenga la botella de vino que te interesa, pones la copa bajo el grifo y pulsas una de las tres opciones disponibles: cata, media copa o copa entera. El importe de la tarjeta va bajando en función del vino escogido, ya que hay de varios precios, expuestos en cada uno. Y así hasta que te hartes de vino, se te acabe el presupuesto, o te echen del local porque cierran.

Y ya, lo que me terminó de enamorar, fue la tarjeta de visita que tienen. Muy parecida a la tarjeta de recarga, de plástico duro pero sin chip, por un lado con el logo de Otto, su dirección y teléfono, y por el otro un manchurrón de tinta negra. Pero si pones el dedo sobre la mancha para aplicar calor, se revela el logo y señas del Vi Clandestí. ¡Más clandestino y original imposible!